Siento que he descubierto la pólvora. Es decir, hace tiempo había escuchado de las hojuelas de Kale pero recién las probé el otro día, cuando mi mamá vino a visitarme y me enseñó a prepararlas. Las he hecho 2 veces más desde ese día y puedo decir que he me vuelto adicta. Mis adolescentes las aman y se hacen en segundos, pero tienen su truco. Aquí te enseño cómo hacerlas…

El Kale es una verdura súper nutritiva, es prima hermana del brócoli, la coliflor y de las coles de Bruselas. La compré en la bodega Food Fair en Valle Riestra, San Isidro pero a estas alturas la puedes encontrar en la mayoría de tiendas orgánicas y también en la Canasta de Huampani, de Mati Uranga (te las llevan a tu casa, súper recomendable). Las lavas con cuidado y separas las hojas del tallo usando las manos … no te compliques. Esta parte es súper importante porque el tallo es amargo. Después, en una lata previamente aceitada con aceite de oliva, pones tus hojas, las embadurnas bien con el aceite y terminas con sal al gusto. Yo usé mi favorita: Natural Crystal Salt con un toque de pimienta. Después las pones en el horno precalentado y las VIGILAS con ojo de águila, bien de cerca, porque se queman al toque. Las sacas cuando las sientas crocantes (¡cuidado con quemarte!), dejas que enfríen y te las comes, así medio tibias, porque cuando se enfrían se ponen chiclosas ( también son ricas pero más ricas son crocantes). Acuérdate de mi cuando las comas, son DELICIOSAS.