Hace unos años Melissa Barragán de Maniatika no se hubiera imaginado que se dedicaría al nail art y al cuidado de las manos. Ella era una de esas personas que constantemente estaba con las manos en la boca: sacándose las cutículas o tratando de arreglar alguna uña dispareja. Hasta que un día tomó la decisión de dejar de hacerlo. Esto fue lo que hizo:

“Lo más importante es REALMENTE querer dejar de hacerlo” me explica Melissa “cambiar este mal hábito no es algo que se logre de la noche a la mañana, es un proceso que tarda un tiempo y que requiere de mucha paciencia y perseverancia. El segundo paso es analizar el problema para saber cuándo lo haces y por qué lo haces, para que así sepas cómo solucionarlo desde la raíz. El tercer y último paso es dejar tus uñas tan perfectas que o te dé pena malograrlas o ya no haya ninguna imperfección que te haga querer morderlas”.

Entrar al estudio de Melissa es encontrarse con algo así como un taller de arte. Está repleto de pinceles y herramientas para sus delicados diseños pero también nos confiesa que adora pintar las uñas de un sólo color y que a veces eso es justamente lo que necesita una mujer que se come las uñas: tenerlas perfectamente pintadas es un recordatorio de lo lindas que pueden llegar a ser sus uñas una vez que dejen de mordérselas ¿Qué tan común es encontrar mujeres adultas con este hábito? “ Es súper común encontrar este tipo de problemas en gente adulta que va desde comerse, morderse, chuparse o incluso jalarse las uñas o las cutículas. Estos hábitos causan, tanto en corto como en largo plazo, problemas en las uñas ya que al estar siendo tratadas de esta forma, tan agresiva, empiezan a crecer muy débiles y necesitan de toda nuestra ayuda para fortalecerse nuevamente”.

¿Qué funcionó para Melissa? “Yo seguí todos los pasos que te mencioné pero en el que me enfoqué más fue en el último porque al analizar mi problema me di cuenta de que la razón por la que yo me comía las uñas era porque no estaban perfectas, porque tenía una uña que raspaba, un pellejito que molestaba, una uña dispareja… Por esta razón fue que decidí parar de comérmelas y buscar una forma que sí me ayudara a tenerlas perfectas. Aprendí la forma correcta de limarme las uñas sin dejar los bordes astillados, cómo mantener las cutículas hidratadas y en su sitio, en otras palabras me volví una maniática del cuidado de las uñas naturales. Pero como me las había arrancado con los dientes durante tanto tiempo, ellas no crecían fuertes, crecían muy débiles, delgadas y suaves, por eso decidí empezar a usar esmaltes con fortalecedor, el que usé fue uno de la línea Nail Envy de OPI. En esa época solo habían los transparentes pero ahora han hecho una versión actualizada con color. Al haber logrado que mis uñas fueran fuertes, me enfoqué en llenarlas de color y de vida con nail art, ya que llevar las uñas de un color entero me parecía super aburrido. Con años de práctica y de estudio fue como me convertí en lo que ahora soy, una Maniátika con una gran manía por las uñas.

Tiene sentido: tenerlas bien pintadas nos quitará las ganas de malograrlas. ¿Pero quien tiene el presupuesto (o el tiempo) para una manicure profesional todas las semanas? Melissa compartió un truco que me ENCANTÓ. Después de pintarte las uñas corrige las imperfecciones con un pincel mojado en quitaesmalte… ¡quedan perfectas!