Siempre sorprende las diferencias que uno puede encontrar cuando visita otros países. Sin querer, uno compara y se da cuenta de detalles que podría cambiar o mejorar. En mi viaje pude ver algo que me llamó mucho la atención …

Como les conté, gran parte del viaje AstiExperience era visitar diferentes restaurantes, algunos inclusive con estrellas Michelin, super elegantes y gourmets. Me sorprendió ver, hasta en los más elegantes, familias enteras, con niños pequeños comiendo exactamente lo mismo que los adultos. Cuando vamos a un restaurant en Lima casi siempre vemos alternativas para niños, y, seamos honestos, con frecuencia son papas fritas con nuggets, hamburguesas o fideos al alfredo con kilos de mantequilla.
En Alice, por ejemplo, un restaurant con una estrella Michelin, especializado en comida marina, cada plato era una obra de arte, como el de la foto. Había una mesa al lado mío, con niños que probaban todo con gusto. Conversaban con los adultos a la par, con calma y disfrutando el estar juntos. Nada de crayolas o juegos para distraerlos. Eran parte de la conversación y se sabían portar a la altura. Cuando uno de los chicos no quiso probar un molusco crudo, la mamá cariñosamente le dijo que lo haga, y si no le gustaba, no le insistiría en terminarlo. Chiara, una mamá de tres niños (y nuestra traductora), me contaba lo orgullosos que se sienten de su comida y cómo toda su vida social gira en torno a ella (¿les suena conocido?). Para ellos es una habilidad necesaria saber manejarse en la mesa desde pequeños, tener modales y especialmente, tener mente abierta para probar sabores nuevos.
El movimiento “slow food” nació en Italia en 1986 a partir de la preocupación de un grupo de personas que sentía que el estilo de vida ajetreado de estos tiempos, estaba impactando la calidad de alimentación de muchas personas. ¿Restaurantes de comida rápida? no vi uno solo en toda mi estadía. De hecho hay, pero no es tan común visitarlos. Sara, nuestra guía, nos contó que para ellos no solo era el placer de comer rico sino que las familias pasaban tiempo cocinando juntos. Los niños ayudaban y eran parte del proceso, aprendiendo así a apreciar la calidad de los ingredientes desde chiquitos. El año pasado un conocido restaurant italiano lanzó un comercial “anti comida rápida” como respuesta a un comercial de MacDonalds donde supuestamente el niño prefiere una cajita feliz a comer pizza. Este comercial causó tanta furia entre los chefs y público en general que tuvieron que sacarlo del aire al poco tiempo. Aquí les va el comercial de la “respuesta”.
Evitar el “menú de niños”, pasar tiempo cocinando con ellos, ir al mercado y que aprendan a escoger los ingredientes, cocinar con insumos de la zona y sobre todo, SIEMPRE, probar sabores nuevos. ¿Qué les parece?