La historia es así: me pasaron un contacto que te lleva a casa los deliciosos helados glaciales. Te los traen en cantidades industriales que no duran nada, dicho sea de paso, porque (como ya les he contado antes) mi casa es el punto de encuentro en el verano. El problema es que yo también empecé con la locura de estos helados hasta que me di cuenta que me estaba excediendo con el azúcar. Entonces, busqué una receta más saludable y encontré esta que es francamente deliciosa. El pepino le da textura, el limón y la menta una frescura insuperable. Helados sin culpa.

En una ollita hierve una taza de agua endulzada con tu edulcorante de preferencia, puedes usar azúcar si quieres, pero si buscas una opción más ligera te recomiendo estevia. Endulza a tu gusto, que hierva unos segundos y apaga. Deja enfriar. Pela y sácale las pepas a un pepino. Cuando tu agua endulzada esté fría, licúa junto a un pepino pelado y despepado el jugo de 10 limones y un puñado de hojas de menta. Prueba y ajusta con más dulce o agua según tus gustos. Congela y disfruta.