Más que cualquier producto, crema, masajeador o rodillo de jade, les puedo decir que este pequeño reloj de arena es indispensable en mi baño. Me lo robé de uno de los juegos de mesa de mis hijos y lo uso para tomar el tiempo que me tomo limpiando, exfoliando, haciendo masajes o esperando que se sequen los productos entre sí. Según el famoso y recordado dermatólogo, Frederic Brandt se debería esperar un minuto entre producto y producto para que se absorban bien y no se “pelen”.

Tener el reloj de arena a la mano hace que sea todo más fácil. A veces uno piensa que le está dedicando el tiempo suficiente a su rutina pero cuando tomas el tiempo te das cuenta de que lo estás haciendo muy apurada. Yo, por ejemplo, no me tomo más de 6 minutos en total pero los distribuyo bien. Un minuto entero para masajear el limpiador. Cuando me maquillo con base me tomo un minuto extra primero para quitar el maquillaje (varío entre aceite de oliva o de pepa de uva) y otro minuto con mi limpiador normal. Enjuago bien o retiro con una toalla húmeda limpia, pongo mi serum, espero otro minuto, pongo mi humectante, otro minuto más y termino con mi bloqueador (si es de día). Si exfolio con mi cepillo eléctrico aumento un minuto más a la rutina, pero no es todo los días.

Si tienen la piel irritada por el acné o por la rosácea pregunten a su dermatólogo o esteticista cuánto tiempo deberían tomarse. Este tipo de piel es mucho más delicada y hay que tratarla “entre algodones”

Además mientras esperas a que los productos sequen puedes aprovechar para lavarte los dientes, peinarte, etc. Como bono extra: si tienes hijos chicos, el reloj de arena te ayudará a enseñarles cuánto tiempo deben demorarse en lavarse los dientes y las manos (casi todos lo hacen a la velocidad del rayo, ¿no?). ¡Me cuentas si piensas usar un reloj de arena y qué tal te va!